Un ángel sin alas

Un ángel sin alas



Mi abuela es una persona a quien el tiempo le dibujó las experiencias en el rostro. Conoce tanto que cuando me habla tengo la sensación de estar recorriendo los pasillos de la mente más sabia del mundo. En su cabello se esconde el invierno perfecto. Una manta de escarcha color ceniza que dice y cuenta muchas cosas. Todavía puedo ver a aquella niña corriendo a los brazos de una mujer que prometía un paraíso escondido con una sonrisa. En su piel apergaminada se adivina el contorno del refugio en el que me escondí tantas veces; en sus abrazos, en sus caricias que me hacían sentir segura. Mi abuela es un ángel sin alas; la bendición más grande que Dios me ha dado. Dice que me ama con sus gestos y con esa comprensión que no encuentro en nadie. Me apena a veces mirarla de cerca y descubrir que sus ojos, ojos de recuerdos y ausencias, siempre miran al pasado y se apagan un poco más con cada segundo que pasa. Como si el tiempo le pesara en el alma. Le he dicho que la quiero y sé que lo entiende, pero supongo que también debe saber que algún día me dejará sola. Que me será inevitable sentir su ausencia como una puñalada a perpetuidad. Qué triste es saber que ni todo el amor del mundo podrá mantenerla a mi lado el tiempo que quiera. Aunque para mí, siempre será inmortal, y lo sabe.

Beatriz Allca