Sólo me perdí por un momento

Sólo me perdí por un momento


Por algún momento había creído que tocar el cielo con las manos era lo mejor que me podría pasar. Ese momento en el que te desprendes de la tierra y te dejas llevar por la gravedad así como el agua mueve los barcos de un lado a otro con la marea agitada. Luego descubrí que estaba equivocado. Sentir rozar el cielo, es verla a los ojos por diez segundos continuos y no querer dejar de verla. Perderse en su mirada es como explorar lugares jamás antes visitados, donde todo es armonía y tranquilidad; sientes cómo el viento se cuela por tus poros, cómo la tierra se conecta a tus pies, ves cómo el rocío de la mañana impregna el valle, cómo el sonido de las aves toca su mejor melodía para tus oídos, sientes cómo tu sangre acelerada recorre tu cuerpo, y el deseo de poder besarla es incontenible. Tratas de mantenerte firme, pero es un callejón sin salida. Luchas contra tu voluntad pero el deseo es como una montaña desde cerca, por más lejos que la mires siempre será del mismo tamaño e incluso tenerla cerca te hace percibir su crecimiento. El deseo de voluntad te hace querer lanzarte sin paracaídas al vacío, aún sabiendo que el vértigo puede ser esa arma de doble filo para tu cuello. Cuando vuelves en sí, pregunta: “¿Qué sucede?" Para luego responder, “Nada, sólo me perdí por un momento”. Y finges que no ha pasado nada desviando la mirada para que no logre percatarse de lo que sucede y no ser tan evidente.

Neshtan Biersack