Que encajar no duela tanto

Que encajar no duela tanto


Tu nombre resuena en mi cabeza a diario, pero cómo cuesta pronunciarlo. Sentir que cada letra desmorona el cariño que algún día nació en una conversación casual.

Dueles en las horas muertas cuando se me acaban los pequeños instantes en que mi mente se desata de los pensamientos tiernos y perversos que provocan tus labios y estar en una habitación a solas del mundo, de nuestros defectos.

Dicen que todos volvemos a esos lugares donde amamos la vida, es entonces cuando me pregunto: ¿Y cómo volvemos a esas personas con las que amamos la vida, pero están lejos? No lo sé, ni siquiera buscando entre los escombros de nuestra historia puedo encontrar las respuestas. De lo que tengo firmeza, es que tu ausencia me ha enseñado a convivir con los detalles insignificantes de los viernes en la noche.

Un día, todo dejará de pesar, por fin podré hablarte sin sentir que el alma se rasga; pero seguirá esa pregunta punzante de nuestro sueños frustrados, las noches en vela preguntándole a la soledad sobre ti, en ese agridulce infierno de tus dudas y vacíos donde nos perdíamos horas enteras, dejarás de doler y tal vez… Cambiemos de vida o de amor o, si somos esas piezas faltantes, que encajar no duela tanto.
Te extraño.

Daniela Arboleda