Muero viejo y solo.
Nadie me llora, nadie me extraña,
nadie sabe quién soy ni quién fui.
Sólo yo y mi soledad.
Morimos al tiempo que la eternidad nos abraza.
Entonces
estoy orgulloso de lo que me he convertido.
No necesito de nadie más.
Lo digo y lo pienso,
aunque en verdad añore tener a alguien a mi lado,
en mis brazos,
estar en sus ojos,
en sus pensamientos y desvelos.
Pero nada se le puede hacer
a lo que la vida nos decidió otorgar.
Joel Estrada