La magia sin truco que es el amor

La magia sin truco que es el amor


Tan simple como que yo quiera estar ebria siempre de poesía o de verano que se pasee entre mis senos, pero que el ron siempre venga de tu lengua. Tan simple como es que siempre te quiera a ti entre las olas de mis piernas y tu ojos entre la locura de mis pestañas que hacen fiesta cuando te observan venir hacia mí, desnudo y con las manos colmadas de ternuras que quieren viajar despacio por mi espalda, hacer danzar mi cintura con el roce de unas caricias que se convierten en felpa al contacto con mi piel salvaje. Lo nuestro es algo espiritual, divino y le rezo al dios de tu ombligo que esto no termine con el sostén del amanecer vistiendo al cielo, que esto no termine con tu espalda siendo el paisaje de un adiós en cualquier parque porque hemos bailado excesivamente sin agotar las ganas de querer pasar la vida juntos. Me concediste una visa de turista para tu cuerpo y me he quedado a vivir en ti como si tú fueras mi patria, la tierra que me vio nacer y crecer entre arbustos de mangos y duchas con la lluvia durante el invierno. Me mudé al hogar donde habitan los rosales, donde el firmamento cabe en tu boca con sabor a todo lo que me he perdido en mi existencia, a todo lo que nunca pude comerme con deleite. He enfocado la mirada en tus pupilas y he visto florecer el brillo de un amor que no es a medias, es a todo. Nunca he podido visualizar mi futuro, pero a ti te he visto en él más de lo que me veo yo, es tan complicado imaginar los años que vendrán, el destino juega sucio, cambia las cartas, las caras, las metas, el amor. Pero contigo todo es tan claro como agua de manantial, tan certero como la muerte que nos espera sin desesperar, tan verídico como enamorarse. Contigo todo es menos doloroso, los recuerdos no me pesan tanto en las ojeras, los sueños se me hacen reales cuando hablas y pienso que estás cantándome sin prisas, sin pausas, con la paciencia con que se dibuja una vida de dos. Las otras voces de mis romances breves eran más una cacofonía que armonía. Tú lograste curar mis penas, romper los hilos con mi pasado, pintar de colores el gris de mi cama, de mis días, de mi rutina. Cambiaste el reloj y las horas comenzaron a tener sentido. Y sin ti el tiempo caminaba lentamente, triste y con mi rostro de domingo. Contigo rápido, feroz como si se nos fuera acabar la vida. Llegaste a despejarme los pies del suelo húmedo por mis lágrimas, a saciar la sed de mi nostalgia y a hacerme creer en la magia sin truco que es el amor.

PaoH