![]() |
| Jaclyn Wright |
Antes querida:
Si lo pienso bien, hace ya bastante tiempo que no celebro la navidad. Eran esos días, tan fáciles, cuando estabas y a mí se me daba por escuchar canciones a cada hora. Las más bonitas siempre te las dedicaba, aunque nunca te gustaron, pero tú a mí me gustabas rechazándome, y haciéndolo todo a tu capricho. Yo sólo te miraba, deseando que, con suerte, y si aún la magia de aquellas fechas seguía siendo tan cierta como la sonrisa de los niños, me dieses tu vida como regalo. Que te entregases a mis brazos, dejases de creer en disparates y te animes a venir conmigo al estreno de una de esas fantasías que sólo existen en la imaginación del otro. Y viajar. Caminar. Mirar fotos y encontrando en ellas viajes a un pasado que no dolía, que era tan inocente como nuestras ganas de querernos a mitad de aquella noche en la que sonaban las doce campanadas y, aunque las personas apenas comenzaban a abrazarse, nosotros ya habíamos tenido una nochebuena. Las siguientes horas sólo eran espejismos. Te marchabas antes de que pudiese convencerte de quedarte más tiempo y volvías horas más tarde, con un paquete envuelto en papel de regalo y una sonrisa que podía derretir al más frío.
Pero ha pasado tanto tiempo y hoy no espero nada de eso. No te he visto más que en fotografías y en todas ellas sales con un tipo alegre al que le dedicas desde apodos cariñosos hasta selfies y poemas que nunca tuviste tiempo de leerme. Posteas en Facebook que te has ido de viaje, a un lugar paradisíaco en donde siempre es verano, y en donde no te hace falta caminar mucho para sentir que quieres quedarte el resto de tu vida en el mismo sitio. Supongo que él ha sabido encontrarle el punto perfecto para su relación y ha logrado mantenerte a su lado más tiempo del que alguien ha sido capaz. Si te escribo ahora no es para pedirte que vuelvas, ni para darte explicaciones. Te escribo para decirte que me parece bien que hayas decidido ponerle un rumbo nuevo a tu vida, y para advertirte que tengas cuidado en pasar por todo lo que fuimos. Tengo recuerdos categorizados como malos, buenos y mejores. Lástima que no te encuentres en ninguno, porque he decidido que lo mejor para mi salud mental sería evitar compadecerme de mí mismo recordándote, así que mejor te he mandado lejos, con un boleto de ida sin retorno, a ese lugar al que no he vuelto por si las cosas se rompen de nuevo.
Yo también he decidido darme una oportunidad. Se llama Laura y tampoco cree en las cursiladas. Tiene más o menos mi edad y a ella sí le gustan las canciones que le dedico. A veces me recuerda a ti, en su forma de despertar y en la de enfadarse si le digo que aquella blusa no hace juego con su falda. Si hace frío no tiene problemas en pedirme un abrazo. No se anda con rodeos, es directa y eso es lo que más me gusta de ella. Créeme si te digo que a su lado me siento afortunado por ser yo mismo sin sentir que intento cumplir las expectativas de nadie. A ella el amor le gusta junto al desayuno, por eso he aprendido a levantarme más temprano para sorprenderla. Ama los dulces, a diferencia de mí, que me gusta todo lo salado. Creo que si me presento con un paquete de chocolates el día menos especial, la haré sentir de lo mejor. Con ella tengo campo abierto para hacer todo lo que no pude contigo. ¿Todavía crees que tuvimos nuestra oportunidad? Yo sí, y me pareció triste en su momento que hayamos actuado de una manera tan cobarde.
Supongo que esta ciudad es una de las tantas que no te gustan. No hace mucho que me he mudado, el vecindario es tranquilo y puedo pasar el día sin temor a que suene el teléfono cada cinco minutos para atender la llamada de una señora que pregunta por su hija como si en el empeño le fuera la vida. Los días no son los mismos, claro. Es como si al cielo de repente se le hubiera marchado lo triste, aunque de vez en cuando también siento que extraño la ciudad llena de semáforos en la que vivías. Nunca supe cruzar uno solo en el color que correspondía, y aunque tampoco tuve accidentes, a ti eso no llegó a satisfacerte. Hoy tampoco espero que sea mejor con Laura, aunque con ella todo va de la mano de una armonía que sirve de consuelo para todos los días de soledad que me han dirigido hasta aquí. Hoy tampoco te extraño. Ni ayer, ni la semana pasada, ni el mes pasado. He aprendido tarde que por mucho que dos personas compartan casi toda su vida, eso no quiere decir que estén destinadas a compartir la totalidad de ella. Hoy sólo espero que donde quiera que te encuentres entiendas que ha sido lo mejor huir de una guerra antes de asumirla sin haber tenido las suficientes municiones con las que contrarrestarla. Es cierto que nadie se muere por amor, pero hay veces en las que desearías que el amor sea lo último que te pase en la vida. Porque te deja tan así que es inexplicable. Tan terriblemente incompleto que luego no vuelves a encontrar la parte que te falta en ninguna persona que luego llegue a tu vida. Espero que eso no ocurra contigo, porque tampoco sucede conmigo.
Con no tanto cariño:
Julián
Posdata 1:
A veces el amor es uno de esos recursos que utilizamos para justificar nuestra demencia hacia ciertas personas. “Lo hice por amor”, “amar con locura”, “el amor lo puede todo”. ¿Lo recuerdas? Yo una vez te dije que te amaba con todas mis fuerzas, y ahora me doy cuenta de que lo que ocurría en realidad era que te amaba pensando que aquello iba a durar para siempre. Qué iluso. Espero que puedas perdonarme.
Posdata 2:
Feliz navidad.
Dashten Geriott



