Perdí la luna

Perdí la luna


En los senderos del destino que todos esperan, perdí mi luna. Dos mil años después encontré mil soles situados tan profundamente dentro de unas pupilas de un ser humano, viajé a cien latidos por minuto y guardé toda nube que se cruzó frente a mí, sólo para sentir un poco de su calor y a cambio de su luz yo le daría mis nubes para crear un espectáculo en el cielo. Sólo eso. No esperaba más, pero me dio más.
Ese ser humano fue constituyendo mis pensamientos y envolviendo mis ideas día con día, se convirtió en la única estrella de un cielo nocturno, lo llevé a otra órbita más de cien veces y cuando encontré mi luna… escribí su nombre sobre ella. Muchas cosas dejaron de importar y los versos tomaron vida sobre su cuerpo, cada centímetro era un poema nostálgico por no poder describir su grandeza, pero feliz por ser parte de él. Cada letra llevaba su olor, cada partícula del aire llevaba sus caricias y cada lluvia susurraba su voz.
De pronto se nubló, mi mirada se oscureció y sobre mi piel yacía un rasguño que llevaba a un lugar de mi corazón que yo jamás había tocado.
Me llenó de cosmos el cuerpo y de heridas el alma. Soy la brisa solitaria que habita la tierra y a veces la tristeza, la tristeza que suelen dejar los amores que se fugan a otra dimensión dejando estela por cada lugar que memorizó mientras caminaban de la mano. Hoy el cielo me contempla mientras escribe con tinta de estrellas. Estoy perdida en el todo y hundida en tinieblas a plena luz del día, sigo aquí y desearía no estarlo, no sé cuanto tiempo más lo estaré y tampoco sé si iré a buscarlo, porque fuimos aquello que llamamos felicidad, pero terminamos siendo el aire frío que se rompe al caer los rayos del sol a la tierra. No me resigno a perderle, pero llevo errores que parecen inviernos y océanos que nunca nadie conocerá, llevo cristales que cortan pétalos de rosas, tormentas, terremotos, explosiones, llevo caricias junto con un pasado, llevo todo y nada, porque no lo llevo a él. 

Edna Gómez