Hace falta más que canciones para hablar de amor: quizá sólo faltes tú. Pero no importa, porque al final de las historias, siempre terminamos por quedarnos enredados con los corazón rotos, abrigándonos el frío de media noche. Y aquí estamos tú y yo, esperando que baje la marea para nadar contra la corriente y aferrarnos a las islas desiertas que cubren nuestros cuerpos, no importa, nos queremos así, distanciados entre las ciudades, entres ciento de miles de personas que no tienen ni la menor idea de lo bonito que es el amor cuando lo miras desde la cima, y te enamoras. Y te caes porque no saber cómo reaccionar a las emociones que te comen las esperanzas. Pero, piensas, te recoges, y vuelves a empezar, y andar por las calles buscando alguna identidad que te recuerde lo preciosa que es su sonrisa si lo imaginas con timidez: te sonrojas. ¿Por qué el mundo no es capaz de venir hacia nosotros? Nos encontramos, nos quitamos los miedos, y salimos de esta guerra donde las únicas heridas, son cada milímetro que estamos lejos de ser felices. Quedaría bien tirar los fusiles, olvidarnos un poco del frío que se siente, y la ausencia que causa saber que no tenemos unos brazos que nos calienten, ni un espacio al otro lado de la cama: se ve vacía. Olvidarnos de todo; menos de nosotros. Y cantar canciones juntos, y hablar de amor, y planear vidas (la nuestra). Lo he soñado muchas veces: con que vienes a joderme, y me dices: “estaré para ti, siempre, sin importar lo que suceda, estoy porque te quiero, idiota”. Explotaría de vértigo, y moriría en tu pecho, abrazando tus senos, y mordiendo tu cuello. Censuraría la idea de perderte. Y acto seguido me aferro a tus caderas buscando un lugar más tibio, y me quedo quieto, mirando tus piernas gruesas llenas de esperanzas. Pensando que, la vida, sigue siendo bonita si tú estás conmigo.
David Ruiz



